nací
en el seno de un establo
donde mi abuelo
era propietario de una vaca de manchas negras
y la leche de ésta
mi alimento
manchada se secó
y fuimos en busca de nuevos horizontes.
habitábamos por entonces
entre chabolas construidas a medias
en el estraperlo de la noche
y otras, las más
en el alambre de un alquiler.
-y como ya apunté en otros poemas-
en el camino
de la infancia hasta mi adolescencia
hubo un océano de zancadillas.
-posiblemente este principio
no venga a cuento-
y debía de haber empezado
por el suelo
en el que mi madre
en cuclillas
me cantaba el
jesusito de mi vida eres niño cómo yo
por eso te quiero tanto y te doy mi corazón
tuyo es
mío no
¡tuyo es, mío no!
me cantaba
para curarme las heridas
y consiguió
levantarme más ampollas.