martes, 7 de julio de 2009

El jardín. Benjamín Prado

Dentro del árbol
crece junto a la fruta,
despacio, un pájaro.

En el pequeño
incendio de las rosas
arde la luna.

Tú duermes: eres
la música que cae
sobre sí misma.

Y el viento pone
dentro de la maleza
lobos vacíos.

Algo se mueve.
Donde acaba el jardín
empieza el gato.

lunes, 6 de julio de 2009

Horas serenas. Miguel de Unamuno.

Horas serenas del ocaso breve,
cuando la mar se abraza con el cielo
y se despierta el inmortal anhelo
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

Copos perdidos de encendida nieve,
las estrellas se posan en el suelo
de la noche celeste, y su consuelo
nos dan piadosas con su brillo leve.

Como en concha sutil perla perdida,
lágrima de las olas gemebundas,
entre el cielo y la mar sobrecogida

el alma cuaja luces moribundas
y recoge en el lecho de su vida
el poso de sus penas más profundas.

domingo, 5 de julio de 2009

Fracaso. Leopoldo María Panero

Oh enigma inmundo
de la ceniza
secreto del alma negada por todos los rostros
con la saliva negando mi rostro
escupe sobre mi cara el secreto del tiempo.

sábado, 4 de julio de 2009

Hora de clase todavía. Juan García Hortelano

Termina de una vez ese dictado
y vete al recreo,
busca, mientras vas
suspendiendo, un balón
imperial o una muñeca
salaz y desinflable,
cuestión de no pensar
más allá de la valla
retórica, más acá
de la vaca platónica
(o ¿sería una caverna?),
y permanece y salta,
mientras el timbre suena,
en el exacto centro
del pensamiento vegetal,
umbrío,
feroz y miserable
pensamiento de alumno
aventajado, que vuelve
del recreo y en el aula
no pupitres: ataúdes se encuentra.

viernes, 3 de julio de 2009

Nada es lo mismo. Ángel González

La lágrima fue dicha...
Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.
¿A qué llorar por el caído fruto,
por el fracaso de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas
para la nueva historia
y es preciso encontrarlas
antes de que sea tarde.

jueves, 2 de julio de 2009

Las anchas tardes. José Antonio Muñoz Rojas

¡Qué anchas eran las tardes! Se perdía uno en ellas. Estaba el cielo alto sobre el patio, o el jardín, la tarde, como el mar en los mapas, llenándolo todo de azul, y nosotros como barquillos en el mar. No sabíamos dónde ir, ni en qué quedarnos, ni para qué. Subíamos a los corredores o bajábamos al jardín y nos quedábamos junto a la fuente, metíamos la mano en su agua, oíamos los gorriones, quizá cruzaba un palomo, o caía una campanada. Por la calle, nadie. Porque los que pasaban a diario acababan por no ser nadie, ser un poco más de aquel silencio, tan grave, de la tarde.

Y uno andaba vacío, de acá para allá, sin tener dónde asirse, vanamente: de acá para allá, esperando con vaguedad la llegada de algo sobre la tarde, tan ancha, tan serena e impenetrable.

lunes, 29 de junio de 2009

Amor constante más allá de la muerte. Francisco de Quevedo

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera.

Mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido.

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

domingo, 14 de junio de 2009

El taxista compositor. Rosa Montero

El taxista compositor y otros cabezotas
ROSA MONTERO 14/06/2009

Me acabo de enterar, con verdadero deleite, de que mi admirado Philip Glass, el famoso compositor minimalista, tuvo que trabajar de taxista hasta los 41 años para poder mantenerse, aunque para entonces ya era un músico bastante conocido. Pero una cosa es tener éxito en el pequeño círculo de los amantes de la música clásica contemporánea y otra poder ganar dinero suficiente para vivir. ¡Y era taxista en Nueva York! Quién sabe si incluso alguna vez me llevó de pasajera, siendo yo muy joven, en mi primer viaje a Estados Unidos. Me lo imagino con su perfil de pájaro loco metido en un cab amarillo rabioso y la vida me parece una vez más estupenda. Tan llena de sorpresas, tan mudable.

Esta pequeña anécdota refuerza una vez más mi convicción de que tener talento no basta para triunfar. Hace un par de meses se publicó en EL PAÍS un adelanto del libro Fueras de serie, de Malcolm Gladwell (Taurus), en donde el autor sostenía justamente esto que digo: que para alcanzar el éxito era mucho más importante la preparación que las dotes innatas. E incluso sostenía que, según los expertos, para alcanzar la maestría en algo son necesarias diez mil horas de trabajo duro. Diez mil horas de instrucción y práctica.

Yo no sé si se puede medir el esfuerzo del aprendizaje en cifras exactas y tal vez lo de las diez mil horas sea una tontería. De hecho, desconfío bastante de las fórmulas magistrales de los expertos sociólogos. Pero no cabe duda de que para hacer algo bien hace falta trabajárselo mucho. Malcolm Gladwell se refería al éxito en general, en todos los campos, desde los negocios a la carpintería; pero resulta aún más llamativo hablar de las actividades creativas, porque el tópico del artista genial sigue estando por desgracia muy arraigado. Quiero decir que muchos piensan que el artista es un ser especial al que visitan las musas todo el rato. Un individuo en perpetuo trance. Cuando, en realidad, el artista se parece mucho más al perseverante picapedrero que al iluminado. Que la inspiración te pille trabajando, como decía Picasso.

Es la vieja pregunta de si el artista nace o se hace. Supongo que ambas cosas, pero que quede claro que, desde luego, no basta con nacer. Para ser una figura del ballet no sólo hay que tener una gracia especial a la hora de moverte con la música, sino que también tienes que ser un maldito esclavo de tu oficio: machacarte cada día con los ensayos, domesticar tu cuerpo y tu cabeza, destrozarte los pies. En cuanto a la literatura, que es el terreno que mejor conozco, la experiencia me ha enseñado que el talento por sí solo no te convierte en un buen novelista. A lo largo de los años he visto perderse en la negrura, como ardientes cometas, a hombres y mujeres con espectaculares dotes narrativas que se han ido desinflando libro a libro. Porque les faltaba algo esencial: la tenacidad, la infinita disciplina, la inacabable urgencia, la capacidad de resistencia, incluso la obsesión que uno necesita para ser escritor.

Y es que no se trata sólo del tiempo de aprendizaje. No se trata sólo de esas diez mil horas de práctica que decía Malcolm Gladwell. En el arte, por lo menos, se requieren más cosas. Tesón. Confianza. Humildad y soberbia al mismo tiempo. Un claro concepto de las prioridades. Entereza para aguantar las humillaciones y las contrariedades. Y ese empeño en seguir disfrutando de lo que haces. Aquí regresamos a Philip Glass, que por lo visto (lo cuenta Carlos Fresneda en El Mundo) trabajaba doce horas al día de taxista y dedicaba las noches a componer. Hace falta estar obsesionado con la música para seguir ese régimen de vida durante años. Para no dormir y para probablemente discutir a menudo con una esposa quizá un poco harta de ocupar un lugar secundario a los compases. Pero esa es la única manera de sacar una obra adelante.

¿Diez mil horas, dice Gladwell? Me parece una cifra muy modesta: más bien varias decenas de miles. La historia de la literatura está llena de novelistas que escribieron sus libros a las cinco de la mañana y en la mesa de la cocina. De madrugada, porque luego tenían que irse a trabajar (a coger el taxi); y en la mesa de la cocina porque ni siquiera poseían un despacho propio. En fin, siempre he creído en la perseverancia como forma de vida. En el tesón como herramienta esencial para sobrevivir. Pero esto es doblemente verdadero en el terreno creativo. Todos los artistas son unos empecinados cabezotas.

martes, 12 de mayo de 2009

Amor en vena. Antonio Vega

Esta víctima llegó con su más linda diadema
para retirarse el pelo y dar su cara de pena
su destino se torcióy ella prefiere dormirse
con las piernas bien dobladas sin nunca jamás reírse.
Y las amigas juegan a tula,
y ella mira sin conocerlas
sus dos pupilas se le derriten
y el corazón se marcha a la guerra.
Muñequita sin tesón, poca gracia y sin madera,
mucho eccema, poco afecto, y un papá que le pegó,
sus paredes son sin sol, y ella prefiere dormirse
y soñar todos los rayos para hacer una canción.
A sus amigas poder cantarla
y compartirla sin pedir nada
ellas se burlan, se van con chicos
y se cuestiona el precio del alma.
El domingo va a vender toda su vida en el rastro
y casi todas las noches va comprando su morir.
Ha aprendido a contener, el amor se inyecta en vena
y una tarde de diciembre dice adiós sin despedir
a sus amigas, ya todas quietas,
al parque roto y al cuento de hadas,
a las sirenas de policía
y a un sueño loco que le robaban.

viernes, 8 de mayo de 2009

Los poemas del Lehendakari

Maiatza

"Begira, sartu da maiatza,
Zabaldu du bere betazal urdina portuan(...)
Erdu eta egingo dugu berba betiko kontuez,
Atsegin izatearen balioaz,
Zalantzekin moldatu beharraz,
Barruan ditugun zuloak nola bete.
Erdu, sentitu goiza aurpegin,
Goibel Gaudenean dena iristen zaigu ospel,
Adeoretsu gaudenean, atzera, papartu egiten da mundua.
Denok Gordetzen dugu betiko besteren alde ezkutu bat.

("Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto (...)
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárnoslas con las dudas.
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro,
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas").


Kirmen Uribe