lunes, 29 de junio de 2009

Amor constante más allá de la muerte. Francisco de Quevedo

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera.

Mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido.

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

domingo, 14 de junio de 2009

El taxista compositor. Rosa Montero

El taxista compositor y otros cabezotas
ROSA MONTERO 14/06/2009

Me acabo de enterar, con verdadero deleite, de que mi admirado Philip Glass, el famoso compositor minimalista, tuvo que trabajar de taxista hasta los 41 años para poder mantenerse, aunque para entonces ya era un músico bastante conocido. Pero una cosa es tener éxito en el pequeño círculo de los amantes de la música clásica contemporánea y otra poder ganar dinero suficiente para vivir. ¡Y era taxista en Nueva York! Quién sabe si incluso alguna vez me llevó de pasajera, siendo yo muy joven, en mi primer viaje a Estados Unidos. Me lo imagino con su perfil de pájaro loco metido en un cab amarillo rabioso y la vida me parece una vez más estupenda. Tan llena de sorpresas, tan mudable.

Esta pequeña anécdota refuerza una vez más mi convicción de que tener talento no basta para triunfar. Hace un par de meses se publicó en EL PAÍS un adelanto del libro Fueras de serie, de Malcolm Gladwell (Taurus), en donde el autor sostenía justamente esto que digo: que para alcanzar el éxito era mucho más importante la preparación que las dotes innatas. E incluso sostenía que, según los expertos, para alcanzar la maestría en algo son necesarias diez mil horas de trabajo duro. Diez mil horas de instrucción y práctica.

Yo no sé si se puede medir el esfuerzo del aprendizaje en cifras exactas y tal vez lo de las diez mil horas sea una tontería. De hecho, desconfío bastante de las fórmulas magistrales de los expertos sociólogos. Pero no cabe duda de que para hacer algo bien hace falta trabajárselo mucho. Malcolm Gladwell se refería al éxito en general, en todos los campos, desde los negocios a la carpintería; pero resulta aún más llamativo hablar de las actividades creativas, porque el tópico del artista genial sigue estando por desgracia muy arraigado. Quiero decir que muchos piensan que el artista es un ser especial al que visitan las musas todo el rato. Un individuo en perpetuo trance. Cuando, en realidad, el artista se parece mucho más al perseverante picapedrero que al iluminado. Que la inspiración te pille trabajando, como decía Picasso.

Es la vieja pregunta de si el artista nace o se hace. Supongo que ambas cosas, pero que quede claro que, desde luego, no basta con nacer. Para ser una figura del ballet no sólo hay que tener una gracia especial a la hora de moverte con la música, sino que también tienes que ser un maldito esclavo de tu oficio: machacarte cada día con los ensayos, domesticar tu cuerpo y tu cabeza, destrozarte los pies. En cuanto a la literatura, que es el terreno que mejor conozco, la experiencia me ha enseñado que el talento por sí solo no te convierte en un buen novelista. A lo largo de los años he visto perderse en la negrura, como ardientes cometas, a hombres y mujeres con espectaculares dotes narrativas que se han ido desinflando libro a libro. Porque les faltaba algo esencial: la tenacidad, la infinita disciplina, la inacabable urgencia, la capacidad de resistencia, incluso la obsesión que uno necesita para ser escritor.

Y es que no se trata sólo del tiempo de aprendizaje. No se trata sólo de esas diez mil horas de práctica que decía Malcolm Gladwell. En el arte, por lo menos, se requieren más cosas. Tesón. Confianza. Humildad y soberbia al mismo tiempo. Un claro concepto de las prioridades. Entereza para aguantar las humillaciones y las contrariedades. Y ese empeño en seguir disfrutando de lo que haces. Aquí regresamos a Philip Glass, que por lo visto (lo cuenta Carlos Fresneda en El Mundo) trabajaba doce horas al día de taxista y dedicaba las noches a componer. Hace falta estar obsesionado con la música para seguir ese régimen de vida durante años. Para no dormir y para probablemente discutir a menudo con una esposa quizá un poco harta de ocupar un lugar secundario a los compases. Pero esa es la única manera de sacar una obra adelante.

¿Diez mil horas, dice Gladwell? Me parece una cifra muy modesta: más bien varias decenas de miles. La historia de la literatura está llena de novelistas que escribieron sus libros a las cinco de la mañana y en la mesa de la cocina. De madrugada, porque luego tenían que irse a trabajar (a coger el taxi); y en la mesa de la cocina porque ni siquiera poseían un despacho propio. En fin, siempre he creído en la perseverancia como forma de vida. En el tesón como herramienta esencial para sobrevivir. Pero esto es doblemente verdadero en el terreno creativo. Todos los artistas son unos empecinados cabezotas.

martes, 12 de mayo de 2009

Amor en vena. Antonio Vega

Esta víctima llegó con su más linda diadema
para retirarse el pelo y dar su cara de pena
su destino se torcióy ella prefiere dormirse
con las piernas bien dobladas sin nunca jamás reírse.
Y las amigas juegan a tula,
y ella mira sin conocerlas
sus dos pupilas se le derriten
y el corazón se marcha a la guerra.
Muñequita sin tesón, poca gracia y sin madera,
mucho eccema, poco afecto, y un papá que le pegó,
sus paredes son sin sol, y ella prefiere dormirse
y soñar todos los rayos para hacer una canción.
A sus amigas poder cantarla
y compartirla sin pedir nada
ellas se burlan, se van con chicos
y se cuestiona el precio del alma.
El domingo va a vender toda su vida en el rastro
y casi todas las noches va comprando su morir.
Ha aprendido a contener, el amor se inyecta en vena
y una tarde de diciembre dice adiós sin despedir
a sus amigas, ya todas quietas,
al parque roto y al cuento de hadas,
a las sirenas de policía
y a un sueño loco que le robaban.

viernes, 8 de mayo de 2009

Los poemas del Lehendakari

Maiatza

"Begira, sartu da maiatza,
Zabaldu du bere betazal urdina portuan(...)
Erdu eta egingo dugu berba betiko kontuez,
Atsegin izatearen balioaz,
Zalantzekin moldatu beharraz,
Barruan ditugun zuloak nola bete.
Erdu, sentitu goiza aurpegin,
Goibel Gaudenean dena iristen zaigu ospel,
Adeoretsu gaudenean, atzera, papartu egiten da mundua.
Denok Gordetzen dugu betiko besteren alde ezkutu bat.

("Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto (...)
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárnoslas con las dudas.
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro,
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas").


Kirmen Uribe

sábado, 11 de abril de 2009

Quevedo

Oyente, si tú me ayudas
con tu malicia y tu risa,
verdades diré en camisa.

viernes, 10 de abril de 2009

Poesía a viva voz

La voz del poeta recién casado
JUAN CRUZ - Madrid - 10/04/2009

"Muchos nos preguntamos acerca de la manera adecuada de leer poesía a viva voz, para otra persona. Aparte de la imprescindible sencillez, parece cuestión importante la necesidad, o no, de revelar y respetar su estructura y forma, el modo en que las imágenes puedan, o no, ser elocuentes sólo a través de la voz humana, hasta dónde es posible, y lícito, privilegiar la vivencia del poema y con qué medios se puede tornar vívida esa condensación artística de lo vivido que es el poema".

Leer es una obra de arte. "Hablaba María Zambrano de 'la palabra entrañada' en la poesía", recoge Gómez, "y los maestros de mi oficio dicen que ésta debe ser emitida no desde el 'músculo de la lengua' sino desde el corazón". Desde esa clave hizo Gómez "este viaje sonoro" de su voz a lo hondo de la poesía del autor recién casado, y entonces tan feliz que escribió esto:

"Sencillez pura,
fuente del prado tierno de mi alma,
olor del jardín grato de mi alma,
canción del mar tranquilo de mi alma,
luz del día sereno de mi alma".

Juan Ramón recién casado, descubriendo el viaje hacia "lo único por un hilo elástico de gracia".

domingo, 5 de abril de 2009

El carpe diem de Rosa Montero

Sí, Ésa es la palabra exacta: pesadilla. Los ciudadanos de las ricas sociedades posindustriales vivimos dentro de un espejismo de seguridad, como si no pudiera o no debiera sucedernos nada malo, como si los reveses de la vida, incluyendo cosas tan naturales como la vejez y la enfermedad, fueran una completa anomalía, algo que no tendría que pasarte. Por eso, cuando el dolor llega, cae como una guillotina sobre nosotros, como una pesadilla insoportable. Y déjenme decirles algo duro de oír: el dolor siempre llega, antes o después. No hay vida sin su cuota de sufrimiento. Soy una ferviente lectora de los libros de biografías, y siempre me inquietó esa frase tan común en muchas de estas obras: "Ésa quizá fuera la última época de verdadera felicidad de Fulano, porque al poco tiempo...". Y ahí añadían que llegaba la enfermedad, o la muerte de alguien querido, la cárcel, la guerra, la desgracia. El comienzo de la maldita pesadilla.

Uno no suele hablar de estas cosas. El sufrimiento, en nuestra sociedad, es algo que resulta inadecuado, inconveniente, sucio. Algo que hay que ocultar. Pero, ¿cómo vamos a aprender a manejar ese dolor si ni siquiera somos capaces de nombrarlo? Cuando cae sobre nosotros la cuchilla de una desgracia, se produce, en primer lugar, una obsesión temporal. Piensas en tu ayer intacto e inocente, antes de que ocurriera. Si no me hubiera subido al coche del accidente, piensa la violinista. Si no hubiera tenido la idea de adoptar, tal vez piense mi amigo (en realidad, también podría haberle sucedido con un hijo biológico). Si pudiera regresar al ayer, antes de que me dijeran que estaba enfermo, o que mi esposa había muerto, o que... Añoras con desesperación lo que tuviste, es decir, esa normalidad que seguramente no apreciaste lo suficiente mientras la tenías. He aquí el primer aprendizaje esencial que deberíamos intentar extraer de la certidumbre de la desgracia: la felicidad es la falta de dolor y hay que intentar disfrutar de lo que se tiene. Es un pensamiento obvio, pero dificilísimo de llevar a la práctica.

ROSA MONTERO
Bichos increíbles y tenaces, El País Semanal, 08/03/2009

domingo, 22 de marzo de 2009

Titular

"Cada escritor tiene sus propias exigencias espirituales y una de las mías es encontrar el título adecuado para mis libros". Así justificaba Ciro Alegría esa piedra preciosa llamada El mundo es ancho y ajeno con que bautizó su obra maestra y estableció al tiempo una lúcida metáfora de la vida y la condición humanas.

Titular bien, en todo caso, nunca fue fácil. Los escritores lo saben. Y de hecho son legión los libros que sólo comenzaron a escribirse a partir de un buen título. Un título encontrado de pronto, o un título desesperadamente buscado, como le ocurrió hace años a Vila-Matas cuando, preguntado sobre el proyecto que se traía entre manos, respondió: "Por el momento, estoy escribiendo un título...".

Y es en esa puja por invertir cuanta imaginación sea necesaria para alcanzar el mejor nombre donde Ciro Alegría vuelve a marcar la pauta. Porque tras escribir durante cuatro meses El mundo es ancho y ajeno, gracias a la beca que varios amigos le concedieron para dedicarse a ello en cuerpo y alma, les dijo que necesitaba el mismo tiempo para encontrar el título adecuado, por lo que les sugería prolongar su filantrópico mecenazgo.

Hablamos de cualquier forma de una auténtica pesadilla para todos aquellos que no acaban de dar con él o, peor aún, para quienes página a página construyen su obra bajo la amenaza de un título frágil, conscientes de que a medida que el texto avanza el título provisional tiende a convertirse en definitivo, si antes no lo remedian las musas, la mala memoria, la mala sangre o hasta un golpe de suerte, que de todo hubo en este pagano viacrucis del nombrar literario. Títulos prestados, títulos vendidos, títulos trocados, títulos hurtados por desmemoriados que hicieron suyo el nombre de un proyecto ajeno escuchado a altas horas de la madrugada; títulos sustraídos por consagrados jurados copiando la frescura y el fogonazo de algún joven concursante; y hasta títulos ganados en inconfesables partidas de cartas.

Pero no demos pistas sobre otra de las benditas paranoias de esta especie capaz por un buen título de vender su alma al diablo. Y de forma además tan innecesaria, cuando es tan fácil dejarse llevar, como hizo Vargas Llosa con La ciudad y los perros, verso de un poema que su editor Carlos Barral tenía sobre la mesa cuando le entregó el manuscrito; o abrir el texto al azar por la página equis, verso no sé cuántos, como le sugirió un inspirado Juan Carlos Mestre a Dulce Chacón para encontrarse ambos con la sorpresa de aquel Contra el desprestigio de la altura, que constituyó uno de los primeros títulos de la autora; o la conversación entre Blanca Varela y Octavio Paz, en la que al defender ella un topónimo que no gustaba al poeta, le decía Pero si ese puerto existe de verdad, ante cuya frase el fino y sensible oído del mexicano sentenció de pronto un título que transformaba un nombre local en una sugerente y universal alegoría de plural significado: Ese puerto existe.

Como existe una última opción para casos terminales. La de aplicar el resabiado consejo de Balzac cuando preguntado por un joven sobre cómo podría titular una novela de la que no le daba mayor información, le dijo... "Muy fácil, ¿sale algún tambor? No ¿Y alguna trompeta? Tampoco".

-Pues entonces, está clarísimo... Sin tambores ni trompetas.

(El País,Fernando Beltrán, 21/03/2009)

sábado, 21 de marzo de 2009

sábado, 14 de marzo de 2009

Blanca Varela

La poetisa peruana Blanca Varela murió el jueves en Lima a los 82 años. Paradójicamente, su etapa de mayor reconocimiento coincidió con el mutismo en el que la fue sumiendo poco a poco una trombosis. En 2007, recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Un año antes se le había otorgado el Federico García Lorca. Y en 2001, el Octavio Paz.

Precisamente, el autor de El laberinto de la soledad fue una de las grandes referencias de la escritora peruana. Paz prologó su primer libro y, de paso, la ayudó con el título. Ella le había puesto Puerto Supe. A él no le gustaba. Cuando Varela le recordó que "ese puerto existe", él le dijo: "Ahí tienes el título".

Así, Ese puerto existe inauguró en 1959 una obra completa formada por ocho libros que, todos juntos, a duras penas sobrepasan las 200 páginas. En 2001 Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores los reunió en el volumen Donde todo termina abre las alas, que añadía el inédito El falso teclado. Lleva un prólogo de Adolfo Castañón y un epílogo de Antonio Gamoneda. "No hay nacimiento ni tumba, tú lo has dicho; no hay causa ni lugar; una locura fría es nuestro único habitante", escribía allí el poeta leonés.

La delgadez de sus libros y de sus poemas la había heredado de otro de sus maestros, su compatriota Emilio Adolfo Westphalen. Como él, Varela supo conjugar el aliento surrealista con un despojamiento formal no exento de visceralidad. "Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo", dijo de ella Octavio Paz.

Hija de una popular compositora de valses criollos y casada con el pintor Fernando de Szyszlo, Blanca Varela estudió en la Universidad de San Marcos antes de trasladarse a París en 1949. Allí conocería a escritores como Henri Michaux, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Después de vivir en Florencia y Washington, se estableció definitivamente en Lima en 1962. Fue entonces cuando publicó los libros que siguieron a aquel primero bautizado por Paz: Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993) y Concierto animal (1999).

En los versos finales de su poema Palabras para un canto puede leerse:

"Yace aquí,
entre tumbas sin nombre,
escrito en el harapo deslumbrante,
roja estrella en el fondo del cántaro.
Por el mismo camino del árbol y la nube,
ambulando en el círculo roído
por la luz y el tiempo.
¿De qué perdida claridad venimos?".
(El País, JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 14/03/2009)