domingo, 22 de marzo de 2009

Titular

"Cada escritor tiene sus propias exigencias espirituales y una de las mías es encontrar el título adecuado para mis libros". Así justificaba Ciro Alegría esa piedra preciosa llamada El mundo es ancho y ajeno con que bautizó su obra maestra y estableció al tiempo una lúcida metáfora de la vida y la condición humanas.

Titular bien, en todo caso, nunca fue fácil. Los escritores lo saben. Y de hecho son legión los libros que sólo comenzaron a escribirse a partir de un buen título. Un título encontrado de pronto, o un título desesperadamente buscado, como le ocurrió hace años a Vila-Matas cuando, preguntado sobre el proyecto que se traía entre manos, respondió: "Por el momento, estoy escribiendo un título...".

Y es en esa puja por invertir cuanta imaginación sea necesaria para alcanzar el mejor nombre donde Ciro Alegría vuelve a marcar la pauta. Porque tras escribir durante cuatro meses El mundo es ancho y ajeno, gracias a la beca que varios amigos le concedieron para dedicarse a ello en cuerpo y alma, les dijo que necesitaba el mismo tiempo para encontrar el título adecuado, por lo que les sugería prolongar su filantrópico mecenazgo.

Hablamos de cualquier forma de una auténtica pesadilla para todos aquellos que no acaban de dar con él o, peor aún, para quienes página a página construyen su obra bajo la amenaza de un título frágil, conscientes de que a medida que el texto avanza el título provisional tiende a convertirse en definitivo, si antes no lo remedian las musas, la mala memoria, la mala sangre o hasta un golpe de suerte, que de todo hubo en este pagano viacrucis del nombrar literario. Títulos prestados, títulos vendidos, títulos trocados, títulos hurtados por desmemoriados que hicieron suyo el nombre de un proyecto ajeno escuchado a altas horas de la madrugada; títulos sustraídos por consagrados jurados copiando la frescura y el fogonazo de algún joven concursante; y hasta títulos ganados en inconfesables partidas de cartas.

Pero no demos pistas sobre otra de las benditas paranoias de esta especie capaz por un buen título de vender su alma al diablo. Y de forma además tan innecesaria, cuando es tan fácil dejarse llevar, como hizo Vargas Llosa con La ciudad y los perros, verso de un poema que su editor Carlos Barral tenía sobre la mesa cuando le entregó el manuscrito; o abrir el texto al azar por la página equis, verso no sé cuántos, como le sugirió un inspirado Juan Carlos Mestre a Dulce Chacón para encontrarse ambos con la sorpresa de aquel Contra el desprestigio de la altura, que constituyó uno de los primeros títulos de la autora; o la conversación entre Blanca Varela y Octavio Paz, en la que al defender ella un topónimo que no gustaba al poeta, le decía Pero si ese puerto existe de verdad, ante cuya frase el fino y sensible oído del mexicano sentenció de pronto un título que transformaba un nombre local en una sugerente y universal alegoría de plural significado: Ese puerto existe.

Como existe una última opción para casos terminales. La de aplicar el resabiado consejo de Balzac cuando preguntado por un joven sobre cómo podría titular una novela de la que no le daba mayor información, le dijo... "Muy fácil, ¿sale algún tambor? No ¿Y alguna trompeta? Tampoco".

-Pues entonces, está clarísimo... Sin tambores ni trompetas.

(El País,Fernando Beltrán, 21/03/2009)

sábado, 21 de marzo de 2009

sábado, 14 de marzo de 2009

Blanca Varela

La poetisa peruana Blanca Varela murió el jueves en Lima a los 82 años. Paradójicamente, su etapa de mayor reconocimiento coincidió con el mutismo en el que la fue sumiendo poco a poco una trombosis. En 2007, recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Un año antes se le había otorgado el Federico García Lorca. Y en 2001, el Octavio Paz.

Precisamente, el autor de El laberinto de la soledad fue una de las grandes referencias de la escritora peruana. Paz prologó su primer libro y, de paso, la ayudó con el título. Ella le había puesto Puerto Supe. A él no le gustaba. Cuando Varela le recordó que "ese puerto existe", él le dijo: "Ahí tienes el título".

Así, Ese puerto existe inauguró en 1959 una obra completa formada por ocho libros que, todos juntos, a duras penas sobrepasan las 200 páginas. En 2001 Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores los reunió en el volumen Donde todo termina abre las alas, que añadía el inédito El falso teclado. Lleva un prólogo de Adolfo Castañón y un epílogo de Antonio Gamoneda. "No hay nacimiento ni tumba, tú lo has dicho; no hay causa ni lugar; una locura fría es nuestro único habitante", escribía allí el poeta leonés.

La delgadez de sus libros y de sus poemas la había heredado de otro de sus maestros, su compatriota Emilio Adolfo Westphalen. Como él, Varela supo conjugar el aliento surrealista con un despojamiento formal no exento de visceralidad. "Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo", dijo de ella Octavio Paz.

Hija de una popular compositora de valses criollos y casada con el pintor Fernando de Szyszlo, Blanca Varela estudió en la Universidad de San Marcos antes de trasladarse a París en 1949. Allí conocería a escritores como Henri Michaux, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Después de vivir en Florencia y Washington, se estableció definitivamente en Lima en 1962. Fue entonces cuando publicó los libros que siguieron a aquel primero bautizado por Paz: Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993) y Concierto animal (1999).

En los versos finales de su poema Palabras para un canto puede leerse:

"Yace aquí,
entre tumbas sin nombre,
escrito en el harapo deslumbrante,
roja estrella en el fondo del cántaro.
Por el mismo camino del árbol y la nube,
ambulando en el círculo roído
por la luz y el tiempo.
¿De qué perdida claridad venimos?".
(El País, JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 14/03/2009)

martes, 6 de enero de 2009

Fantasmas

Han vuelto.
Se escucha en la noche
su inquieto susurro
amenazante.
Se apoderan luego
de la casa toda.
Son ellos,
los siento muy dentro.
Los desprecio. Pero
cómo echarlos. Han vuelto
a adueñarse de mí
los recuerdos.

lunes, 5 de enero de 2009

Apuntes para un pequeño desahogo

Hoy voy a reventar en mis adentros.
Hoy voy a pregonar lo que me duele.
Hoy quiero darle cuarto al pregonero.
Hoy no voy a callar aunque me estrelle.

Hoy voy a ser locuaz en mi locura.
Hoy voy a ser tenaz en mi turrada.
Hoy me libero toda la amargura.
Hoy me juego la vida a todo o nada.

No sé si estoy borracho o estoy cuerdo.
no sé ni dónde está la diferencia.
No quiero ser rehén de mis recuerdos.
No quiero ser fantasma de una ausencia.

Puedo empezar por ciertos personajes
con los que tengo trato de a diario,
tan serios y embutidos en sus trajes,
tan panchos en su afán de funcionarios.

Qué coño harán si siempre están reunidos,
por mí pudieran irse ya a la porra
con su café con churros, imbuidos
con el glamour que da el vivir de chorra.

Y luego está el amante de las colas,
ésas que dan dos vueltas de manzana,
el que se pone en fila porque mola
perder el tiempo, estar sin hacer nada.

Te los encuentras en los aeropuertos,
o en cualquier teatrillo entre semana,
te los encuentras en cualquier encuentro.
Suelen tener la cara avinagrada.


Y qué decir de tanto pobre impúdico
que pasa tantas horas de rodillas.
¡No les importa hacer el tonto en público,
con lo bien que se está sentado en silla!

Basta decir que me los pasaría
con gran placer a todos por la piedra,
ya que no tienen nada dejarían
al menos de tocarnos la entrepierna.

No soporto a quien quiere ser padrino
en los bautizos, muerto en los entierros,
novia en las bodas, polvo en el camino,
salsa de perejil, quebranto en duelo

No soporto a las madres milenarias,
estoy harto de ver matusalenes.
No soporto a las monjas mercenarias
ni a los curas que invierten sus papeles.

No sé qué pintan patrias ni banderas
ni mucho menos tantos militares.
No soporto subastas patrioteras
ni sé por qué la patria tiene tantos padres.

Tengo sólo una pizca de anarquista,
soy más paciente de lo que parezco.
No soy el santo Job ni un terrorista,
pero menos me gusta hacer el memo.

Creo que no estoy hoy lo que se dice
nada político, ni un pelín correcto,
así que haré muy bien en reprimirme
no hablando para nada de los negros.

Mejor me centro en temas amorosos,
Mejor me apresto pronto a decir versos.
Mejor me callo, no, mejor me pongo
A poner raca-raca algún soneto.


(Y ahora va el famosísimo soneto
de un tal Miguel Hernández, por ejemplo):

Yo sé que ver y oír a un triste enfada
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía,
esquiva, cejijunta y desolada.

Lo que he sufrido y nada todo es nada
para lo que me queda todavía
que sufrir, el rigor de esta agonía
de mirarte y ver fuego en tu mirada.

Me callaré, me apartaré si puedo
a donde ni has de oírme ni he de verte.
Me voy, amor, me voy, pero me quedo,

pero me voy, desierto y sin arena:
Me voy, amor, me voy, pero me quedo
adiós, amor, adiós, hasta la muerte
.

Hoy voy a reventar en mis adentros.
Hoy voy a pregonar lo que me duele.
Hoy darle cuartos quiero al pregonero.
Hoy no voy a callar aunque me estrelle.

viernes, 2 de enero de 2009

Día de los inocentes

es navidad
navidad navidad
turrones y pavos
bombillas zambombas
navidad
la gente que corre
navidad
se empuja y se pisa
navidad
y siempre riendo
navidad
todos tan contentos
turrones y pavos
y demás
zarandajas
navidad
hay que hacer festejos
navidad
y felices pascuas
y eso
tengo sed y frío
adios pero es
navidad
dale que te dale
la prensa que anuncia
navidad sin tregua
y más tiempo libre
y más aguinaldos
ya está bien
no quiero reírme
no me da la gana
leches
mucha navidad
turrones y pavos
pero a mí me dan
unas ganas terribles
de llorar.

martes, 30 de diciembre de 2008

Relatorio navideño

Si es que siempre pasa igual: en navidades estamos como exiliados: primero en una casa, luego en otra, prepara las maletas, coge el tren… A ellos, a los niños, parece que les gusta. Claro, ven a sus primos, se acuestan muy tarde y no paran de recibir regalos y cuchufletas. Lo que piensan los niños al respecto no es un misterio, por fortuna. En el cole, año tras año (qué `poca imaginación, señor) les ponen una redacción para que hagan en vacaciones, contando cómo han sido y qué han hecho en las entrañables fiestas. Esta fue la redacción correspondiente a las navidades de 1988, que mi hijo Luis, por entonces un chaval, las vio así:

“En la noche del veinticuatro al veinticinco de diciembre tuvo lugar el mayor acontecimiento de la historia. Por eso es la Nochebuena. Unos días antes de la Nochebuena, mi familia y yo vamos a Santander, a casa de los primos, viene Papa Noel y nos trae muchos y muy bonitos regalos.
El treinta y uno de diciembre es Nochevieja, empieza otro año. Después de tomar las uvas nos felicitamos todos el año y en casa de la abuela de Madrid empieza el barullo y abrimos los regalos de San Silvestre. Cuando vienen los vecinos, mis primos, mi hermana y yo hacemos una función. Sobre las dos de la madrugada o así volvemos a casa y entre que nos lavamos los dientes, nos ponemos el pijama y eso nos acostamos a las tantas. Al día siguiente nos levantamos muy tarde y vemos por la tele el concierto que se hace en honor del año nuevo, desayunando unas ostras muy ricas.
Luego vienen los reyes. Mi hermana y yo dejamos turrón, champán y agua para los caballos, y nos vamos a dormir. Cuando nos despertamos, siempre tenemos la marca del rey Baltasar que nos ha dado un beso. Yo estoy muy nervioso con los regalos. Vamos a despertar a papá y a mamá para verlos todos juntos”
(Papá Noel, San Silvestre, Reyes Magos… ¿Por qué hay pobres? La apostilla es mía).

Sin embargo, si yo hubiera sido Luis hubiera visto la romería de otra manera. De hecho, la vi así, como lo cuento en esta redacción que yo también escribí por aquel año, porque a veces soy como un niño grande:

“El niño Jesús, los reyes magos, el nacimiento. Este año era un año realmente nuevo. Yo sabía ya que mis papás eren los reyes. Pedí por eso pocos juguetes, pero yo creo que me han traído más que nunca. Demasiados. Los voy a decir todos o casi todos, porque ya digo que son muchos, muchos:
“La guerra aérea”: los pilotos de un sitio que se llama Libia atacan objetivos USA y se caen en paracaídas a la bañera (creo que era el mar Mediterráneo):
“Naufragio en Río”: se trata de dar saltos en una especie de barco y hacer que se hunda. El record de este año está en 144 ahogados. Una barbaridad, no sé si podré superarlo.
“Canción de navidad”: es un video muy bonito en el que sale Gurruchaga tirándose pedos y luego unos señores con pajarita tocando el violín y otros vestidos muy raro dando saltos. Papá dice que es el juguete que más me gusta. A mí también, sobre todo por los pedos.
“Cortocircuito”: hay un tablero con unas cuantas chabolas y se van quemando. Tiene unos efectos especiales muy chulos y sale mucho humo y se oye como si lloraran niños.
Yo no quería tantos juguetes. Yo no quería ninguno de esos juguetes. Sería mejor que papá no comprase tantos periódicos y tirase por el balcón el aparato de video., la televisión y el radiocasete. Las vacaciones de navidad deberían ser un cielo azul y limpio, unos villancicos y algún turrón. Y han resultado pues eso, un horror de noticias, montones de regalos que no sé muy bien para qué los quiero y un ajetreo de acá para allá, papás, tíos, abuelos, coches, humos tiendas paquetes prisas nervios, malhumores al fin. En Belén nació un niño. En Madrid los niños se mueren poco a poco. ¡Vacaciones!”

Pero la más descriptiva de todas es la versión telegráfica:

“Viaje en tren accidentado .Stop. Casi me aplastan en Villalba. Stop. Llegamos tarde cena misa del gallo juguetes. Stop. Juego con primos. Stop. Chocolate visita belenes muy rico estupendos regalos. Stop. Nochevieja abuelo se durmió. Stop. Regalos chachi. Stop. Año nuevo ostras y champán. Stop. Papá vomitó. Ana vomitó. Stop. Tuve colitis. Stop. Noche de Reyes estuve nervioso. Stop. Tenía ganas ver regalos. Stop. Reyes mejores juguetes. Stop. Deberes cole largos. Stop. Vacaciones cortas. Abrazos. Luis.”

Amigos míos, queridos lectores: o llevamos la fiesta dentro o no hay nada que hacer. No vale repetirse a fecha fija, que es lo que hacen, lo que hemos hecho y, probablemente, lo que haremos según vayamos creciendo (ellos) o haciéndonos viejo (nosotros).

sábado, 27 de diciembre de 2008

Autorretrato

Tengo por cabeza
dos zapatos huecos
y un altar con zuecos
es mi corazón.
Ando y mientras ando
los números cantan
y no me levantan
ni dios ni el amor.
Ayer aún soñaba
pájaros sin cuento,
hoy estoy despierto
pues no sé dormir.
Me faltan los dientes
que el tiempo me roba,
soy como una escoba.
Me siento infantil.

Nunca voy a misa,
nunca me confieso,
soy bastante obseso
y algo sexual.
Grito en el silencio,
callo en la algarada,
no me importa nada,
todo me da igual.
Vivo con el pueblo
sobre una escalera
y de esta manera
ya se puede ver
cuál es mi carrera,
cuál es mi talante;
soy un militante
pequeño burgués.

jueves, 25 de diciembre de 2008

A medio andar

Ante el tiempo implacable que forjó mis destinos,
prestamista ´usurero de perdones o gracias,
ante todos los hombres que conmigo corrieron
me declaro vencido.

Hoy he alcanzado a un tiempo la miseria y la luz.
Tantos años corriendo sin descanso ni tregua
para acabar sabiendo sin engaño posible
que no iba a ningún sitio.

Empecé siendo niño: me pusieron la meta
y la asumí sin darme ni tiempo de pensar;
luego seguí, alocado, la jornada a destajo
Y devoraba polvo. Y devoraba sal.

Aquí llegué. Minutos, siglos, segundos: nada.
La cinta de salida, la cinta de llegada...,
eran la misma cinta. Siempre caminé en círculo.
Me declaro vencido. Digo
que he descubierto el pulso de mis entrañas todas
en el preciso, exacto momento en que paraba
el reloj su centésima.
Terrible paradoja que ahora deba sentarme
a descansar.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Hoy cumplo veinte años

Llegué a tener veintidós años,
largos como espera sin fe.
De pronto comprendí:
nunca hice nada
que valiera la pena. Nunca,
junto a mí, nadie que valiera
la pena.
Nunca cortas caricias
exploraron sobre mi piel.

Sólo frente a mí mismo,
solo en el mundo. Solo.
Hace tiempo que vi
con tristeza indecible
que no era un hombre como todos.
Ahora toca pensar
qué voy a hacer en este mundo
tan raro, tan lejano
Bah. Es lo mismo. Acabaré
chocando contra el muro
o perdido en el fondo
del mar.

Y ya siento que empiezo
a morirme de frío.


(Bilbao, 1969)