Me acuerdo que de niño la mentira
era un crimen horrendo.
Como comer galletas a deshora,
comprar cromos a chicos de la calle,
decir inconveniencias (o jolines),
como Canalla vil o Perro infiel,
Sarraceno maldito;
el regaliz, los sueños, los empachos
por gula confitera,
lavarse poco y mal, aborrecer
visitas a parientes.
Y preguntar siempre el por qué de todo.
Fue lo más deseable,
objeto de perpetua frustración,
¿no era posible mejorar el mundo
mintiendo? Contestaban:
Había que dejarlo tal cual era.
Ya en la vejez no dejo de mentir
a ver si encuentro así antiguas verdades.
'El arte de la fuga según Mr. Nooteboom'
Hace 4 años
a quien diga mentiras se les ponen las manos rojas
ResponderEliminar(o algo así era, ahora mismo no me acuerdo)
Te crece la nariz,
ResponderEliminares una pena no poder estar
mintiendo todo el día.