jueves 26 de noviembre de 2009

Murió Amparitxu

A veces, cuando se van ciertas personas, parece que con ellas se va toda una época. Amparo Amparitxu Gastón, fallecida en Madrid ayer, 24 de noviembre, a los 89 años, fue cuatro décadas compañera de Gabriel Celaya, pero durante 18 años más preservó con fidelidad su obra y su memoria. El nombre de Amparitxu, y el del poeta extinto, ambos donostiarras (ella nació en San Sebastián un 15 de mayo de 1921), nos remiten a un tiempo en el que la poesía no fue algo históricamente más importante que otras veces, pero sí disfrutó de una engañosa y pasajera relevancia, la elevó ante los ojos del pueblo, y éste la utilizó para levantar banderas y alumbrar utopías. Quizá la poesía nunca ha sido necesaria, pero entonces consiguió parecerlo un poco.


Amparo Gastón firmó algunos libros con Celaya, pero sobre todo asumió el papel (bastante habitual en la biografía de muchos escritores) de ferviente compañera, intendente doméstica, agente, masajista y asistente hospitalaria. Como aquellas casas parroquiales en que una abnegada hermana dedicaba toda su vida a cuidar de un hermano sacerdote, la literatura española también ha estado salpicada de esposas, parejas o compañeras que tutelaban hasta el último día a escritores más o menos distraídos, que, gracias a ellas, tenían las espaldas bien guardadas y podían emprender ambiciosas empresas literarias pero que, en la vida real, no sabían por dónde les daba el aire.

Sin embargo, Amparitxu no sólo fue compañera. Jugó en la biografía de Gabriel Celaya un papel fundamental. Representó una ruidosa detonación, la detonación que cambió para siempre la vida de Rafael Múgica (el nombre real del poeta) y lo convirtió en alguien distinto. Es cierto que la marca Gabriel Celaya representa un acontecimiento totalmente singular en la historia de nuestra literatura: no es un seudónimo, es decir, la adopción utilitaria de otro nombre; ni un heterónimo, es decir, la fingida y literaria adopción de una nueva identidad. No, Gabriel Celaya representó en la vida de Múgica algo mucho más grande, algo distinto: la aparición de un hombre nuevo, y no ya en los papeles sino en la estricta realidad.

La responsabilidad de la creación de ese hombre nuevo corresponde a Maritxu Gastón. Quizás también por eso su papel difiere un tanto del de eterna acompañante de un escritor. A ella le corresponde un lugar fundacional en la vida de Celaya; es el núcleo que alumbró a un hombre diferente y lo ganó para la literatura.

El cínico mundo de las relaciones literarias está lleno de damas avispadas que embarrancan en las costas de un poeta y operan en sus aledaños como una codiciosa turba de vikingos. Son tantos y tan conocidos los nombres que no merecen particular recordación. Muchos de ellos ni siquiera merecen la estraza del periódico sino el couché que circula por las peluquerías. Pero el caso de Amparitxu no es, desde luego, uno de ellos. Ella no llegó en busca del expolio, ni se acercó a un poeta demenciado tentando sin recato un golpe de estado notarial. Se acercó, muchos años antes, a un hombre, y extrajo el poeta que llevaba dentro. Lo construyó ella misma, lo condujo a lo largo de los años, lo cobijó mientras escribía el verso eterno.

Ayer se fue la mujer que logró todo eso. Y con ella se va también buena parte de una época en que la poesía, que nunca ha sido necesaria, consiguió parecerlo un poco.

Pedro Ugarte


Antesdeayer, 24 de noviembre, murió Amparitxu. En recuerdo de esta admirable mujer, uno de los poemas emblemáticos de Gabriel Celaya:

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Tenemos que irnos. José Ángel Barrueco

sobremesa tras la cena
estamos los cuatro
él no ha llegado aún
noto inquietud y temblor

mi madre dice:
tenemos que irnos
de esta casa

la aceptación
en nuestros ojos
el temor a la intemperie
en nuestros corazones
el vacío en el alma
el saber que tu vida
se disuelve y muta

decidimos marcharnos
pero regresamos
un año después,
o así, cuando a mi madre
él la sedujo de nuevo

cuando la convenció
con palabras envenenadas
de mentiras y falsas promesas

cometimos el error de volver,
amigo, el error de confiar
en el beso de Judas.

Poema de José Ángel Barrueco incluido en el libro "No hay camino al paraíso” (Editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009). Un buen poema para el día de hoy, en que se recuerda el maltrato y la violelencia machista.

Andrés Ramón Pérez Blanco ( KEBRAN). Poema cinco




En la tremenda noche sin luz

prólogo de mi letanía de ausencias

las mantas del desarraigo me cubren.

Camino al onírico paraíso, a bordo de mi camastro,

me sumerjo en océanos de lunas

y nada temo. Se desvanece la vida.

Viajo

y subo y bajo por los sueños del poeta.

Elevo la mirada hacia el cielo de la noche

y verso.

Verso que te puedo acariciar,

que te robo una sonrisa,

que, ¿dónde vas? Que tengo prisa para el verso terminar.

Verso con la luz de tu mirada

y verso con el filo de tu boca,

verso con el alma ensangrentada

y verso, cada noche, si me toca.

lunes 23 de noviembre de 2009

Mañana, enTintados



¿Qué haré yo entre tantos poetas? Haré lo que pueda.
Por cierto, hay un lamentable error: Marina no es marina, sino SARA. SARA ROUSELL

jueves 19 de noviembre de 2009

La luz. Javier Belinchon



A veces dan ganas de cortar los cables
quedarse a oscuras
cerrar los ojos
no sentir más que
el intento de un latido
en tu pecho a oscuras

callar y caer al suelo
dejar de esperarde pensar
olvidarte de la luz

esa puta luz allá en lo alto
que no deja de recordarnos
con su intensidad
que lo único que podemos
hacer con ella es
apagarla

lunes 16 de noviembre de 2009

Apunte del setenta.Gsús Bonilla




nací
en el seno de un establo

donde mi abuelo
era propietario de una vaca de manchas negras
y la leche de ésta
mi alimento

manchada se secó
y fuimos en busca de nuevos horizontes.
habitábamos por entonces
entre chabolas construidas a medias
en el estraperlo de la noche
y otras, las más

en el alambre de un alquiler.

-y como ya apunté en otros poemas-
en el camino
de la infancia hasta mi adolescencia
hubo un océano de zancadillas.

-posiblemente este principio
no venga a cuento-
y debía de haber empezado
por el suelo

en el que mi madre
en cuclillas
me cantaba el

jesusito de mi vida eres niño cómo yo
por eso te quiero tanto y te doy mi corazón
tuyo es
mío no

¡tuyo es, mío no!

me cantaba
para curarme las heridas

y consiguió

levantarme más ampollas.

Libertas. 14 de noviembre



domingo 15 de noviembre de 2009

A la noche. Leticia Bergé

A la noche los acomplejados salen.
A la noche los marginado
buscan callejuelas oscuras.
Es en la noche cuando el mendigo
anda con la cabeza muy alta
y las ratas callejeras
asoman a la avenida muerta.
A la noche los asesinos, las sombras muertas.
A la noche los gatos, las alarmas,
una fila de farolas interrumpidas
por una rota.
A la noche, a la noche
que cuelga de una luna desatorillada.

sábado 14 de noviembre de 2009

Secreto. Ana Sáenz

http://miescaleradecaracol.blogspot.com/
el cuaderno

de las tapas rojas
está lleno y desgastado,
lo voy a guardar

junto a los otros,
en el cajón
de las libretas viejas

entre bolis bic de colores
y libros de poesía

un sitio a la vista de cualquiera
y en el que nadie mira
por que según dicen
lo que allí se encuentra
son tonterías mías

qué sabrán ellos

si todo lo que hay allí
cuenta la historia
de la etapa escondida

de mi vida

viernes 13 de noviembre de 2009

Bannng. Amparo Bletisa



Un algo indescriptible
vigila los rincones de mi voz.

Yo nunca tuve miedo,
no presentí el peligro
ni siquiera a la tarde
cuando la luz más débil
campaba en tus rincones.

Canturreaba a solas
inmersa en mi bemoles
sin miedo y convencida
de que un jazz es un jazz
lo cante quien lo cante
y aunque le falten notas.

Un manotazo duro,
un golpe de repente
justo en el diafragma,
me ha dejado sin aire
mientras que lo inspiraba.

Y ahora
en la más pura apnea
me ausento en el dolor,
en la asfixia que ahoga
y da el pistoletazo de salida.